No hay que confundirse en la ubicación de este país. Hasta ahora el recorrido que se inició en Yangón y siguió los pasos al norte del país, a la zona mediterránea. Birmania tiene también sus playas. Su vecina Tailandia es famosa por sus aguas turquesas, sus palmeras y sus blancas playas. Resulta que las fronteras y la fama nos confunden. La península por la que Tailandia es mundialmente conocida es compartida en sus fronteras con Birmania, Malasia y Singapur. Es decir que la misma agua, las mismas palmeras, el mismo turquesa está en este país.
El avión aterriza en Ngapali, una de las tantas playas Birmanas, frecuentada por la clase alta de este país y casi sin presencia extranjera que prefiere los servicios de la vecina Tailandia.
La región se sostiene por el turismo y la pesca. A lo largo del camino que sale como a continuación de la pequeña pista de aterrizaje, se encuentran los hoteles que, dando la vista al mar, dan sustento a la muy pobre población de la zona. La pesca los alimenta y les permite conseguir dinero de lo poco que pueden vender a los hoteles o turistas, esa es toda la industria.
El lugar es plácido, reconfortarte y muy bello. Los empleados se esfuerzan por brindar el servicio mas occidental posible, borrando todo lo que a Birmania se pueda referir. Hasta entre ellos hablan en inglés. El "resort" está compuesto por una serie de habitaciones, al estilo cabaña, mas grandes que cualquier casa que haya visto por aquí. El dueño, o principal accionista está unos días verificando la prestación del servicio y armando el nuevo libro y página web del hotel para promocionarlo con fotos actualizadas. No está solo, lo acompañan un fotógrafo profesional y un ayudante. Con un importante equipo profesional preparan una serie de fotografías del hotel. Nunca, pero nunca revelaré la dirección web ni el nombre del lugar, pero puedo decir que si algo le faltaba al final este viaje para transformarlo en algo extraño era trabajar de modelo. No es precisamente la idea este blog escribir sobre esas experiencias pero si lo que esas fotos me posibilitaron. No estoy hablando de alguna cena o algún vino sino de compartir momentos diarios, resultó una experiencia interesante, mucho mas que unos días de playa.
El pueblo se extiende a lo largo del camino que bordea la costa, a los costados, grandes lonas hacen de secaderos de pescados y algas. Alejadas de la vía principal casas desparramadas, pobres, de niños corriendo descalzos que sonríen al paso. Cayendo la noche se ve caminar por las calles que dan a la costa a los pescadores que con sus pequeños botes saldrán durante la noche a buscar su sustento diario. Desde la playa se pueden ver puntos iluminados en el horizonte, como estrellas, son decenas de pequeñas lanchas que salen a buscar lo que al día siguiente será mi costosa cena.