Solo en una oportunidad acepte arrojar las monedas del I Ching, un poco por cortesía con quien me encontraba en ese momento; pero decididamente por lo que me encontré en la primera hoja del libro: el poema de Borges que encabeza este blog. El I ching o libro de las mutaciones es un libro oracular, enigmático, y supone un universo regido por el principio del cambio. No me quedó ni un recuerdo de aquellos oscuros párrafos que me leyeron del libro y que resultaron señalados como efecto de una extraña combinatoria de tres monedas arrojadas. Pero el título del capítulo leído se enlazo con algo: "El andariego" y he aquí el encabezamiento de estas notas escritas en viaje. Las entradas están ordenadas por país y en orden cronológico. En el cuerpo central están los escritos realizados a medida que se avanza en el camino. A izquierda fotos del lugar, curiosidades, sucesos del viaje y anécdotas. Las páginas están ordenados por país de algunos de los cuales solo hay registro fotográfico.

El almuerzo de los monjes


Mandalay es una sorpresa. alrededor de esta joven ciudad aparece una Birmania diferente, la mas antigua la de a pié.
Sagaing es el hogar de mas de 500 stupas y aún mas monasterios y templos además de 8000 monjes.

El lugar debe su nombre a los árboles que cuelgan sobre el río y fue capital de uno de los reinos que existieron aquí cerca del 1300. Es un lugar para la meditación y la devoción. Y basta caminar sus calles para encontrar pegados uno a uno monasterios, escuelas, templos y stupas. No hay otro color que el borravino de las túnicas de los monjes. Los lugares son completamente abiertos y se puede ingresar mientras la vergüenza y el reparo lo permita.

Por supuesto que en la marea roja de las túnicas una remera verde casi fluo de Nike llama la atención, la verdad pensé más en la comodidad de una remera con tela liviana y absorbente que en lo conveniente de pasar desapercibido además de nunca me imaginé semejante escenario. Igualmente jugó a favor al asomar la cabeza en alguna clase o monasterio soy saludado e invitado a ver.

La mayoría son jóvenes que pasan por lo menos un año de sus vidas aquí enviados por sus familias. Es algo bien visto en esta cultura además de estudiar y formarse en los principios budistas, estudias inglés y otras materias.

Uno de los centros en un pequeño complejo de cuatro o cinco edificios de un piso. En la entrada dos columnas sostienen una inscripción en hierro forjado que parece antigua Un grupo de monjes de no mas de 20 años me saludan, están saliendo al correo. En las manos de cada uno cartas para sus familias






Caminan con sus libros y al sonar de una campa van ingresando a sus aulas. Cada edificio es diferente, pero todos en la planta baja tienen un gran salón. Las aulas no tiene bancos son un gran salón donde los monjes alumnos están sentados en el piso con sus libros leyendo en voz alta. Adelante el maestro los mira atentamente, en alguna y bajo un silencio que parece poco solemne pero atento, habla a sus estudiantes.

No todos están en clase, algunos que están afuera estudian o lavan su ropa que cuelgan en largas sogas. Otros se bañan en duchas armadas en pequeños boxes al resguardo de la intimidad pero que les permite asomar la cabeza y mirara alrededor. Vienen de diferentes partes del país y no pagan nada por está aquí, la estructura se sostiene a partir de donaciones de algunas familias y de los pocos visitantes que llegan por acá.

 










Al mediodía cada centro se organiza para para comer. El comedor es un gran salón que parece centralizar la comida de varias manzanas a la redonda. Es toda una ceremonia. Cada monje con su cuenco se acerca en una ordenada fila mientras suena una campana. Son realmente muchos y el silencio no reina durante la comida, hay un animado bullicio. No hay sillas, Se sientan sobre almohadones, la mesas son tablas apenas elevadas con un colorido mantel de plástico. El ingreso es en fila y un orden dado por la edad. Los ancianos entran primero los niños últimos, en el medio todo el abanico de edades. Nadie organiza ni ordena, la fila se arma unos cientos de metros atrás y luego se respeta casi como si usaran una regla. Para cuando parecen llegar los treintañeros algunos ancianos ya habían salido y hacen sobremesa en el patio y  para cuando los niños ingresaron, si bien el salón siempre sigue lleno, afuera ya se están retirando a sus habitaciones para el descanso.


Adentro también se ordenan por edad las mesas mas cercanas a la entrada son la de los mayores y cuanto mas alejada mas joven son, al final todavía había adultos hablando y los niños recién habían empezando.



 El menú consistía en un plato de arroz blanco, un preparado con verdura y agua. Es muy difícil trasmitir lo que aquí sucede estando en viaje y luego tener que escribirlo en poco tiempo, los detalles y el relato exhaustivo quedará para otro momento.