Solo en una oportunidad acepte arrojar las monedas del I Ching, un poco por cortesía con quien me encontraba en ese momento; pero decididamente por lo que me encontré en la primera hoja del libro: el poema de Borges que encabeza este blog. El I ching o libro de las mutaciones es un libro oracular, enigmático, y supone un universo regido por el principio del cambio. No me quedó ni un recuerdo de aquellos oscuros párrafos que me leyeron del libro y que resultaron señalados como efecto de una extraña combinatoria de tres monedas arrojadas. Pero el título del capítulo leído se enlazo con algo: "El andariego" y he aquí el encabezamiento de estas notas escritas en viaje. Las entradas están ordenadas por país y en orden cronológico. En el cuerpo central están los escritos realizados a medida que se avanza en el camino. A izquierda fotos del lugar, curiosidades, sucesos del viaje y anécdotas. Las páginas están ordenados por país de algunos de los cuales solo hay registro fotográfico.

Camino a Kalaw


Del mercado del Lago salen unas pequeñas camionetas a la ruta mas cercana, a llegar a la intersección están las “paradas” de los “micros”. La incomodidad del viaje de tres o cuatro horas, en pequeños bancos improvisados en la parte trasera de una camioneta, se compensa con la sonrisa de las compañeras del viaje que comparten la fruta y la comida. Son ocho mujeres de diferentes edades que, a medida que avanza el viaje, van descendiendo en pequeños parajes del camino. Miran, sonríen, hablan en un lenguaje inteligible que suena calmo y melódico. Las señas solo alcanzan para comunicar el destino y agradecer la comida. Ni argentina suena en birmano. Pasados los minutos de camino, dos de las mujeres sacan de su billetera un billete de escaso valor. Frente a mi, sentadas dando la espalda a los costados del camino e imposibilitada girar, por la compresión de nuestros cuerpos con nuestros vecinos, pasa el dinero a otra que se encuentra mas cerca de nuestro guarda. El esta parado sobre el borde de la camioneta de manera que no vemos su torso, simplemente sus piernas. Nuestro transporte, cubierto, salta, tambalea, frena demostrando las habilidades equilibristas de nuestro vendedor de pasajes. Al aviso toma el dinero, y pasado unos metros lo tira en el camino.

Mi mirada se centra en la mujer y mi gestos intentaron preguntar sobre lo sucedido. Pero mi cara habla en castellano. Espero una reacción, pero no viene, solo otra oferta de comida. No estoy dispuesto a ceder curiosidad e intento preguntar, pero es en vano. Al rato la camioneta se detiene y otras dos pasajeras vajan. Hay mas espacio y movilidad. Luego de arrancar a los minutos nuevamente sacan su billetera en un proceso similar al anterior. Giro a mis costados, miro alrededor, no se si hacerlo a través de mi cámara o concentrarme atentamente a lo que pueda pasar. Esta vez no pasa el dinero gira sobre su hombro y estira la mano que sobresale fuera de la camioneta que aminora su velocidad. Mi compañera suelta el billete.

Nadie se sorprende, ni dice nada, ni al menos le avisa que se le cayó el dinero. A la vera del camino una improvisada tienda, llego a ver un hombre y dos chicas a a penas se las puede ver saludando. Las conoce? Les debe dinero? Interpreto una cara de despreocupación, no pareciera estar esperando un recibo o algo a cambio. Al pasar la camioneta la escena continúa. La chicas levantan el dinero que calló en la ruta y lo ponen en una bandeja metálica.

Al tiempo lo mismo, esta vez la camioneta casi se detiene ya que debió disminuir su velocidad por un gran pozo. Los actores son los mismos y los sucesos también. Una improvisada tienda, dos personas con bandejas que levantan el dinero, otro mirando con postura de jefe o encargado todo esto en el medio de una ruta de Birmania camino a un pequeño pueblo de no mas de 10.000 habitantes.

Posiblemente haya la misma sensación. Todo el tiempo se buscan explicaciones y entendimientos que alivien aunque sea la curiosidad, pero hasta hoy no es posible.

Muchos de los pasos en esta tierra son así.